En primera persona, Salud

“Tuve que perder tres embarazos para que alguien me hable de Trombofilia”

La semana pasada hablamos de Trombofilia desde el punto de vista médico: qué es, a quiénes afecta, cómo vive un embarazo una mujer con Trombofilia y por qué el Ejecutivo vetó la Ley.

Desde que arrancamos con este espacio les hablé de la importancia que tienen para mi los relatos en primera persona. Soy una convencida de que las experiencias compartidas generan empatía y son motor para cambiar la realidad. A veces me sorprende la liviandad con la que se habla del tema: “La mujer tiene que tener 2 o 3 abortos para que un profesional le realice los exámenes”. Por eso hoy quiero presentarles a Romina, madre de Melina de 10 años, Benito de 2 meses y de “tres angelitos” como llama ella a las tres pérdidas que sufrió antes de tener su diagnóstico.

“Después de una búsqueda bastante corta quedé embarazada de mi primer hija. Todavía me acuerdo la felicidad que sentimos cuando vimos el positivo. Desbordábamos alegría. Ella nació prematura a las 31 semanas de gestación. ‘Cosas del destino’ nos dijeron, y ningún médico nos explicó o estudió el por qué. En el año 2013, con mi pareja decidimos buscar otro hijo, y para nuestra felicidad rápidamente llegó el tan ansiado positivo. Pero esa felicidad duro poco, a los días comencé con sangrado y luego de reposo absoluto por una semana, las ecografías mostraron que ya no había nada para hacer. Quedamos shokeados y decidimos tomarnos un tiempo para volver a encarar la búsqueda. Al año para nuestra sorpresa ¡otra vez dos rayitas! Esta vez tomamos recaudos: ácido fólico desde el primer día y turno con obstetra lo más pronto posible. Las semanas pasaban y todo marchaba excelente, cada consulta con el obstetra mostraba que estaba todo de diez. Hasta que en la semana 21 de gestación, en el scan fetal nos dicen que casi no había líquido amniótico y que el bebé tenía un retraso de crecimiento de dos semanas. Que nos quedáramos tranquilos, que estaba todo bien pero había que controlar con una nueva eco en unos días. ¡¿Tranquila?! ¿Cómo estar tranquila en esa situación?

Recuerdo las palabras tan frías y crueles del que en ese entonces era mi obstetra, cuando fui a verlo desesperada sin turno para contarle lo que había pasado. El mundo se nos estaba cayendo a pedazos y nadie nos daba sinceras palabras de aliento, esperanzas o soluciones. Cambié de obstetra y este me indicó reposo y un ecodoppler por semana. Había que esperar un milagro. En la semana 26 mientras estaba acostada en la camilla del ecografista me dijeron lo que ninguna mujer quiere escuchar: “No hay latidos”. En ese instante mi vida se desbastó.

Empecé terapia y al poco tiempo la dejé. Nada podía consolarme. Me sentía incomprendida y sola. Pasaron unos meses y cuando el médico nos autorizó emprendimos una nueva búsqueda que en poco tiempo dio positiva. Once semanas tardé en perder el embarazo. Era mi tercera pérdida sin razón aparente.

Fue en ese momento que el médico nos habló de unos estudios. No entendía nada. Tomé fuerzas y comencé a buscar información por internet. Nadie me decía que me pasaba hasta que un día navegando en la web di con una palabra que no conocía: Trombofilia. Di con foros, con grupos, con mujeres que habían pasado por lo mismo. Pregunté, investigue, busque médicos que entendieran sobre el tema. Pase por malos profesionales y encontré también muy buenos, tanto hematólogos como obstetras.